Oaxaca

Colores.

Colores.

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Hace mucho no pasaba a escribir. Hoy le decía a mi amiga Eve que escribir es lo único que nos hace tener registro de nuestras mentes. Y después pensé que probablemente cuando uno no escribe es porque no quiere tener registro ja.

Hace unos días me tomé las primeras vacaciones en mucho tiempo. Desde hace tiempo quería ir a Oaxaca con alguien especial y así fue. Hace mucho tiempo que tampoco había querido tener algo tan presente, pero este viaje fue tan lindo que quiero que nada se borre.

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Orquídea explotando.

Orquídea explotando.

Jardín Etnobotánico: Siempre que voy a un jardín botánico o paseo en un parque llevo imaginariamente a Jenya conmigo. No hay árbol, planta o flor que vea que no me imagine la reacción que Jenya tendría y por eso le mando fotos de todo lo que veo para que me acompañe desde la distancia. Lo más impresionante que vi fue el árbol Amate (sin acento no deja de ser un nombre bellísimo). Es un árbol de color amarillo que le gusta crecer en los lugares más incómodos como rocas o paredes -me sentí muy identificada ja- y el color de sus troncos es de un amarillo mostaza deslavada IMPRESIONANTE. Me tocó ver también orquídeas silvestres colgando de los árboles y los ya muy fotografiados cactus que están fila reflejados en un espejo de agua.

Regresando a las orquídeas es impresionante, y en general si pones atención hay muchísimas silvestres en todos los caminos y paisajes saliendo de la Ciudad. También hay muchísimas bromelias, lo que me hace pensar que es un paraíso vivir en lugar con un aire tan limpio en donde las plantas de aire se reproduzcan como locas.

El jardín etnobotánico es un lugar al que podría ir muchos días, porque el recorrido es un poco rápido con poco espacio para intensear en cada planta. 100000% recomendado.

El Tule

El Tule

Árbol del Tule: Desde hace poco tiempo empecé a relacionar los árboles con las figuras masculinas más importantes en mi vida. Pensaba que estaba loca, pero cuando estaba viendo El Tule le mandé un mensaje diciéndole esto a mi amiga Eve y ella pensaba lo mismo jaja. Cuando vi el Tule me dieron ganas de llorar porque pensé en mi papá y en la loción olor madera que desde chiquita recuerdo de él. No fue precisamente porque el Tule oliera a madera, si no porque tal vez un recuerdo te lleva a otro. También, cuando piensas que es un árbol de miles de años de edad -con aspecto llorón desde muchos ángulos-, es inevitable pensar todos los cambios que ha resistido y ahora gente tomándose selfies que tiene que aguantar :D.

Mercado de Tlacolula: Desde muy chiquita he convivido mucho con los mercados. Mis abuelos tenían una dulcería y me encantaba ir. Ahora soy feliz en Jamaica Shore, pero nunca había visitado un mercado tan vivo como Tlacolula. Lo que vi, olí y comí no lo puedo describir más que como una experiencia surrealista -como bien lo dijo Eve-. Es tanto pasando al mismo tiempo que los sentidos no le dan oportunidad al cerebro de procesarlo. La energía del mercado es bellísima, y lo que mas me gustó fue la cantidad de moños colgando de las trenzas de muchísimas mujeres oaxaqueñas. Es un espectáculo en todos los sentidos y creo que es de lo que mas tengo fotos. Los pasillos de la comida son muy impactantes y se pueden encontrar flores y hierbas endémicas que las marchantas presentan de una forma hermosa. Escribiendo marchantas, caigo en cuenta que la mayoría del comercio en este mercado es realizado por mujeres y pues eso es también muy bonito.

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Mezcal. Típico de ir, ver y probar. Tuve la suerte de que nuestro guía nos llevará con una familia productora de mezcal artesanal. Don Eusebio, el maestro mezcalero nos explicó su proceso de elaboración, pero también tristemente nos explicó la falta de recursos para embotellar y vender legalmente. Nos contó también los abusos de algunos empresarios que han ganado premios con su mezcal, sin pagarle a tiempo o de manera justa por su trabajo. Después, nos invitó a comer un delicioso plato de frijoles criollos y tlayudas a su casa. Esta tarde también me recordó la generosidad que existe en una invitación a comer sobre todo a una casa y más a un desconocido. En este caso éramos dos desconocidos sentados en la mesa de una familia que abría su intimidad sin hacernos muchas preguntas, enseñándonos sus rutinas y dinámicas y contándonos historias que parecían sacadas de Pedro Páramo. Definitivamente es algo que hace mucho tiempo no me pasaba y me llenó el corazón de cariño.

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Telares. Nuestro guía nos llevó a conocer una casa tradicional de telares. Ahí nos recibió una hermosa familia que nos enseñó el proceso de elaboración de hilos, telares y coloración. Fue toda una clase sobre manejo de color, teñidos y conexión con la naturaleza. En realidad aquí la clase más importante que recibí fue el amor y respeto a la tradición histórica en los procesos. -Pregunté chilangamente: ¿por qué no utilizan una especia color mostaza en lugar del cempasúchil cuando no está en temporada? y amorosamente me pusieron en mi lugar contestado: porque así no nos lo enseñaron nuestros ancestros. - Y entonces uno aprende a callarse y seguir escuchando.

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Comida. Toda la comida es espectacular. Llevé y traté de cumplir con todas las recomendaciones pero es todo un reto ja.

Tips. Caminar y caminar. Meterse a todos los museos y construcciones abiertas. Mi parte favorita obviamente era ver todas las plantas creciendo en muros fuera de control. La arquitectura es un poema y caminar mucho también ayuda a tener hambre para seguir comiendo. Otro tip es hacer muchas preguntas, la gente en general es muy generosa y sincera con su trabajo y recomendaciones. Hay mucha disposición y paciencia para explicar sin la expectativa de venderte algo. Lo cual en estos días se siente como un regalo.

Siento que aún no he bajado toda la información de mi cerebro sobre este viaje. Mucha información tal vez nunca baje a las manos y sea alimento para el corazón. Gracias Oaxaca por devolverme la inspiración con lo más esencial y por dejarme recorrerte con quienes más quiero desde la cercanía y la distancia.

Dafne*